Details
Union:
Union
Area of media:
DocuDrama
Network:
Paid?:
Yes
Deadline:
Mar 5, 2026
Shooting starts:
June 22, 2026
Shooting finishes:
Aug 7, 2026
Cities for response:
Mexico City, Guadalajara
Comments
SERIE DE ANTOLOGÍA CON PROTAGÓNICOS CAPITULARES.
Storyline
SERIE DE ANTOLOGÍA CON PROTAGÓNICOS CAPITULARES.
En Historias Tras las rejas, los criminales más peligrosos de México se sientan a contar su historia sin censura. A través de estos relatos, la serie presenta un mosaico de tipologías delictivas: estafadores, asesinos seriales, psicópatas, secuestradores, satánicos, homicidas, ladrones de banco, sicarios, extorsionadores, traficantes y otros más que se atreven a narrar los hechos que los pusieron tras las rejas.
En Historias Tras las rejas, los criminales más peligrosos de México se sientan a contar su historia sin censura. A través de estos relatos, la serie presenta un mosaico de tipologías delictivas: estafadores, asesinos seriales, psicópatas, secuestradores, satánicos, homicidas, ladrones de banco, sicarios, extorsionadores, traficantes y otros más que se atreven a narrar los hechos que los pusieron tras las rejas.
Roles
| Role type | Role | Gender & Age range |
| Lead | DAVID | Male 20 - 27 Years old |
Description Condenado a 123 años por secuestro, David narra cómo la ambición y una mezcla de creencias—santería como “protección” y coqueteos personales con el satanismo— le sirvieron para justificarse. David se define santero, católico y dice que, por su cuenta, se involucró en lecturas de satanismo gracias a un libro que encontró en una biblioteca y que no soltó por mucho tiempo. Reconoce que hizo un “pacto” con el demonio buscando poder y dinero. “Al principio me cumplió: carros, viajes, dinero. Luego empezó a pedirme cosas que no pude hacer.” Afirma que lo que no “cumplió” fueron sacrificios humanos; ahí, dice, empezó su caída. Aclara que la santería la usaba como ‘protección’ y que el satanismo fue una búsqueda personal que al final lo condenó. Se describe como alguien que sí sabe trabajar: fue ayudante y luego contratista en instalaciones de sistemas contra incendios, con sueldo y viajes. Sin embargo, en paralelo, desde adolescente se volvió adicto al dinero fácil. Empezó con robo de vehículos a los 15. Primero fue robo con violencia —el “cerrón” o interceptar en semáforos— y, con el tiempo, prefirió robos sin confrontación (sustraerlos ya estacionados) para bajar el riesgo y la pena si caía en la cárcel. Apuntaba a modelos comerciales (Nissan, VW) porque “salen rápido”; los colocaba con intermediarios que solían desmantelarlos para vender piezas. Explica que evitaba autos de lujo porque requería “enfriar” y encontrar comprador; en su lógica, menos violencia = menos años. Fue detenido en 2012 por robo; más tarde debido a una agresión en prisión lo trasladaron a Santa Martha (la cárcel conocida como la catedral del crimen) y cumplió 6 años. Salió en 2018 con beneficios y trabajó casi tres años. “Al principio me asustaba ver una patrulla; luego se me olvidó el miedo y volví al dinero fácil”, a delinquir admite. En 2019 se le da la oportunidad de hacer algo que nunca había hecho: un secuestro. Su experiencia en Santa Martha y los amigos que hizo en prisión lo ayudaron a dar el salto, se arriesgó. Estudió a la víctima varias semanas y armó un plan de engaño y seducción. Contrató a una mujer para que engatusara al potencial secuestrado vía Facebook. Y funcionó, ella lo convenció de verse y lo citó para una primera date, ya ahí con ayuda de la mujer, lo sedó y David lo llevó a una casa de seguridad. Negoció cinco días con los familiares: pidió 5 millones, cobró 2 y resolvió la entrega con un perfil falso de Uber y un inhibidor para evitar rastreo. Lo detuvieron en 2022 tras seguimiento de cámaras urbanas del C4. David acepta el delito en medio de la frialdad con que racionaliza lo que hizo. Padre de cinco (una bebé que nació en prisión), describe el encierro como “vida acelerada y fea”. Su historia expone cómo ambición, creencias y corrupción pueden torcer la brújula moral hasta convertir el dolor ajeno en cálculo... y ese cálculo, en una cadena perpetua de facto. | ||
| Role type | Role | Gender & Age range |
| Lead | JESÚS | Male 24 - 30 Years old |
Description Jesús Luna Sesma tenía 21 años cuando conoció a Daniel Arizmendi, el hombre que más tarde seríaconocido como El Mochaorejas. En aquel entonces era un joven DJ que trabajaba en discotecas de Neza, Satélite y el Toreo. Lo recomendaron con Arizmendi para fabricar y diseñar una discoteca. Jesús creyó que era la oportunidad de su vida: quería tener su propio club, ser alguien en la noche capitalina. Pero aquel sueño lo llevó directo al infierno. Daniel lo deslumbró con dinero y poder, pero también lo introdujo a la cocaína. “El problema fue el primer pase”, recuerda Jesús, “porque después ya no hay regreso”. Pronto, el pago de su sueldo se dividía entre efectivo y droga. Primero trabajó con él en la compraventa de autos robados, y sin darse cuenta fue cayendo en un entorno criminal cada vez más violento. Arizmendi, que entonces aún no era secuestrador, comenzó a “cruzar líneas”, dice Jesús, hasta perder todo límite. La discoteca se hizo, pero las ambiciones criminales de ambos también y eso ocasionó que cerraran la discoteca. Con la disco sin funciones Jesús se quedó sin trabajo y las deudas lo empezaron a comer. Cuando Daniel cometió su primer secuestro, lo llamó a casa de Jesús para mostrarle “el nuevo negocio”. Le contó que la policía le había robado el rescate del primer intento y que planeaba otro. Jesús sabía que ahora estaba frente a un delincuente peligroso, pero la adicción, la necesidad y la lealtad lo hicieron regresar a trabajar con él, pero esta vez en otro rubro: los secuestros. Aceptó entrar con él como encargado de comunicación y logística, vigilaba frecuencias de radio de la policía, coordinaba movimientos y cuidaba a las víctimas. Profesionalizó parte del negocio con su conocimiento y poco después Jesús se volvió la mano derecha de Daniel Arizmendi, pues toda la logística de los secuestros la armaba a la perfección. Jesús cuenta que “pasó de ser gente honesta a delincuente.” Fue testigo y ayudó a Daniel a mutilar con unas tijeras de pollo la oreja de un secuestrado para enviarla a la familia. Jesús dice que nunca tocó un arma ni lesionó a nadie, pero reconoce haber estado ahí, sosteniendo al hombre mientras Daniel cortaba. “Tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le agarra la pata”, admite. Después, participó en otro secuestro: el de un joven gasolinero, trasladado a una casa de seguridad en Chalco y luego al interior de la discoteca Skate (en la que alguna vez fue socio y DJ), donde lo ocultaron entre los espejos del segundo piso. El operativo que los delató comenzó por azar: una patrulla vigilaba cerca por otro delito. Alguien de la banda habló de más, un policía local informó, y a la una de la tarde del 20 de junio de 1996, los agentes irrumpieron en la disco. Jesús fue detenido junto con Víctor Alcalá y Gómez Vallejo, siendo los tres primeros integrantes capturados de la banda del Mochaorejas. Los retuvieron durante horas antes de ser trasladados a Nezahualcóyotl. Al comparecer, se declaró culpable y recibió 40 años de prisión por dos secuestros, incluido el del empresario molinero al que también le mutilaron una oreja. Esta detención además se la apuntó el llamado “Superpolicía” de México en los 90, Alberto Pliego Fuentes quien después capturaría al propio Mochaorejas dos años después. Desde entonces han pasado 28 años. Hoy trabaja como radiotécnico en prisión y escribe un libro sobre sus vivencias. Reflexiona que su historia muestra “cómo el poder, la droga y el miedo te van haciendo pasar líneas hasta que ya no hay regreso”. “Yo era un DJ, no un asesino”, dice. “Pero crucé una línea, y detrás de esa línea no hay vuelta atrás.” | ||
| Role type | Role | Gender & Age range |
| Lead | COQUETO | Male 25 - 35 Years old |
Description César Armando Librado Legorreta, conocido como El Coqueto, creció en un hogar religioso y estricto, conpadres que intentaron inculcarle valores, estructura y disciplina. De joven trabajó como chofer y luego dueño de microbuses principalmente en la ruta 2 del Estado de México, un oficio que le daba buen dinero y una vida social intensa: alcohol, fiestas, mujeres y libertad absoluta. Sin embargo, antes de convertirse en feminicida, ya había cruzado el límite de la violencia extrema. Su primer asesinato ocurrió cerca de los 20 años, cuando localizó al hombre que le había robado un estéreo; cegado por el coraje, lo persiguió, lo golpeó y terminó por acuchillarlo, incluso cortándole el cuello para no dejar espacio a la suerte. Dijo que, en ese instante, se sintió poderoso. Dos años después mató a otro hombre, esta vez por defender a un amigo golpeado: primero lo atacó con un bat y luego con una navaja. Ese cuerpo lo arrojó a un canal. Con estos dos homicidios, según él mismo reconoce, la barrera moral se rompió: “ya mataste a uno, ya mataste a otro... todo se te hace fácil”. Con el tiempo, ese impulso homicida se trasladó hacia las mujeres. Conducía su microbús bajo los efectos del alcohol, escuchando música electrónica, moviéndose libremente por la ciudad, sintiéndose “con el control de todo”. Describe que una mezcla de oportunidad, inconsciencia y machismo cotidiano lo empujó a violentar sexualmente a pasajeras que viajaban solas o vulnerables. Algunas se quedaban dormidas; a otras, según él, las aislaba desviando la ruta. Después de violarlas, las estrangulaba. Con orgullo afirma que antes de él, solo está el gran Goyo Cárdenas (Histórico asesino serial mexicano) y después todos son asesinos que intentan imitar al Coqueto. Un apodo con muchos matices, unos dicen que así se llamaba el microbús que manejaba, otros que era su deficiencia para conectar con las mujeres, pero él mismo afirma que es porque era galán y coqueto con las chicas y que le iba muy bien. Su método era sin armas, presume nunca haber usado una pistola en sus asesinatos de mujeres, siempre fue estrangulación, ya que no hay sangre. Repetía el patrón porque, como admite, se volvió una adicción ligada al poder, a la impunidad y al hecho de que “no pasaba nada”, era fácil matar ya nadie sospechaba de él. El alcohol, la soledad en la noche y el microbús como territorio privado reforzaban esa sensación de dominio absoluto. El modus operandi se fue perfeccionando, -ya que a pesar de haber matado antes-, a la primera mujer por error la dejó viva y lo denunció. El Coqueto no quería que eso le volviera a pasar, así que una vez que las violaba y las mataba, buscaba un rincón oscuro de la ciudad y las dejaba ahí, no sin antes asegurarse que estaban bien muertas. La ciudad le brindaba muchas opciones, las calles sin iluminación y sin cámaras de seguridad le daban la bienvenida. A su segunda víctima la tiró en un montón de tierra en una calle de una zona que la propia policía llamaba “zona muerta”, la tercera, cerca de la estación del metro Cuatro Caminos, con la cuarta salió de su zona predilecta y la encontraron en la Calle General Prim muy cerca de la Secretaría de Gobernación. En general, todas sus víctimas de feminicidio fueron encontradas en calles, donde las botaba, como si fuera basura que aventaba de su microbús 066 sin mirar atrás. | ||
| Role type | Role | Gender & Age range |
| Lead | ADRIAN | Male 18 - 25 Years old |
Description Adrián es un criminal por vocación que encontró su camino gracias a dos mentoras años mayores queél y que lo encauzaron en el mundo del robo de lo ajeno. Muy chico se dió cuenta que esa adrenalina al despojar a la gente de lo suyo era su motor. Esa forma de vivir lo llevaría a convertirse en el “respetado” delincuente que es hoy en todas las cárceles que ha pisado. Creció con su madre y su padrastro, a su padre no lo conoció. Le dicen el “gato” por los ojos, pero en el barrio le llaman “el campechano” porque nació ahí. Su madre era enfermera y su padrastro marino. Nunca le faltó nada, pero desde niño sintió un trato desigual: percibía que su padrastro era más duro con él que con sus medio hermanos y eso lo hizo más rebelde. Alrededor de los 11 o 12 años, su madre se fue a la Ciudad de México por un cambio laboral de su esposo y lo dejó en Campeche con sus abuelos. Adrián cuenta que probó marihuana alrededor de los 12 años, durante una “pinta” con amigos en unos manglares. Le gustó el efecto, aunque ese sería tan solo el inicio. Después de un tiempo (él calcula dos años), Adrián fue llevado a vivir con su madre y padrastro a la Ciudad de México, en una vivienda asignada por la Marina ya que su padrastro era marino. El cambio lo descolocó: se sintió “diferente” en la secundaria —en acento, ropa, códigos— y se encontró con un entorno más “acelerado”. Se identifica como de la colonia Pensil, que describe como un barrio que de día parece normal, pero de noche abundaba el vicio, la venta de cosas robadas y el reclutamiento de chavos para delinquir; es un lugar al que, asegura, solo entras “si conoces a alguien”, porque si no, te despojan de lo tuyo. A Adrian se le infla el pecho cuando habla de la colonia Pensil, cuenta que en ese barrio conoció la otra cara de la moneda, el vicio, el robo y empezó a escuchar las primeras historias de la “cana” (cárcel) gente mayor que le contó historias de cómo era y si un día caía, cómo se tenía que comportar. El deseo de “tener más” (ropa, tenis, estatus) se cruzó con la aparición e influencia de 2 mujeres que le cambiaron la vida. Eran más grandes que él (18 años), pero vieron en Adrian ese ADN de criminal. Lo impulsaron y lo convirtieron en su valedor y aprendiz. Describe que empezó como “18” (vigía/halcón). Empezó distrayendo policías mientras sus amigas mentoras robaban. Como tenía los ojos bonitos y se vestía bien, pasaba por buen chico. “Señor oficial, es que están robando por allá” y con esto enviaba a los policías a un lugar diferente donde estaban robando sus amigas. Luego, como tenía tanta adrenalina, ya no solo quería distraer a los policías, quería ser parte de los robos. Sus amigas le enseñan a montar moto y a empezar a robar personas. Incluso le enseñaron a poner cara de malo para dar miedo. Un día sus amigas mentoras iban a robar un coche, el plan era bajar al conductor, pero ninguna se atrevía a ser la que bajaba a la persona. Entonces Adrián con su carácter explosivo se ofreció. Y ese fue su primer gran robo: apuntó con un arma y jaló a una mujer del cabello para bajarla de una camioneta y facilitar el robo. Confiesa que sintió pánico físico (sequedad, taquicardia, pensamientos acelerados) pero le gustó la sensación. Admite que le atraía más la adrenalina que la violencia como fin. En ese primer robo, ya que la había bajado del auto a la víctima, se quedó en shock y no supo qué hacer, hasta que una de sus cómplices le preguntó porqué no avanzaba, fue ahí cuando él le confiesa que no sabía manejar coche. A pesar de ello, después de ese robo, al ver su habilidad para “bajar” a la gente del auto le enseñaron a manejar y a disparar una arma. Seguirían formando a su aprendiz. Por su iniciativa y disposición pasó rápidamente a tener mayor participación en los robos. | ||